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¿Cómo leer una etiqueta?

Debemos partir de una premisa única y sencilla; si un alimento necesita una etiqueta para que sepas que estás comiendo, entonces no estás ante la mejor de las opciones. Pero dado que es casi imposible escapar de esta "trampa" de la industria, por lo menos que tengamos los conocimientos mínimos para saber interpretar la etiqueta y saber qué tiene aquello que comes.


Las autoridades, tanto las europeas como las nacionales, han hecho un esfuerzo para aumentar la regulación en cuanto al etiquetado y, aunque con alguna ligera modificación, han conseguido homogeneizar el formato, obligando a que se listen los ingredientes del producto. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Las grandes compañías de la industria alimenticia han usado la normativa para confundir y engañar al consumidor. Y es que el negocio es el negocio.


El etiquetado de los alimentos procesados nos permite saber tanto su composición como sus cualidades nutritivas, su fecha de caducidad o de consumo preferente, su origen y el mejor modo de conservarlos. No obstante, a menudo, las etiquetas resultan confusas, complejas o generan dudas en el consumidor.

Hay a quien no le importa saber que come.
Compra sin preocupaciones

Se puede ver a personas que llenan el carro de la compra sin la mas mínima preocupación por los productos que se llevan y otros que leen las etiquetas con detenimiento buscando aquello que está y no debería estar. Pero en realizad se necesitan ciertos conocimientos mas allá de comprobar si un producto lleva azúcar añadida o no (que es lo que mira la mayoría). A todos nos gustaría que no intentaran engañarnos, pero las cosas son como son, de manera que es responsabilidad del consumidor formarse lo mínimo.

Si no sabes leer la etiqueta, terminarás por no saber que comprar.
Demasiada duda

El problema no está habitualmente en la información alimentaria obligatoria (que se manipula para que la entiendas lo menos posible), sino en la parte voluntaria que está mucho menos reglada y hace que los reclamos publicitarios se conviertan en un "todo vale". Cuando aprendas a leer una etiqueta (si es que no sabes ya), descubrirás que ese alimento que compras pensando que es sanísimo, porque así te lo han hecho creer, pues en realidad no es tan sano.


La etiqueta está reglamentada por el Reglamento (UE) Nº1169/2011 sobre la Información Alimentaria Facilitada al Consumidor, cuya finalidad es proteger nuestro derecho a una información verídica. En 2016 sufrió la última modificación en la cual se abogaba por la claridad de la información de cara al consumidor: la información debe estar toda en el mismo campo visual, se debe usar un tamaño mínimo de letra, o se deben destacar los alérgenos entre otros.


En los envases de los alimentos podemos encontrar tres partes etiquetadas; la parte "comercial" o denominación legal de venta, el listado de "ingredientes" y la de información "nutricional". Estas partes no puede exceder unas dimensiones relativas al tamaño del envase, y deben reflejar claramente la información esencial de interés para el consumidor y ser legible y clara.


Dentro de las etiquetas se hacen dos divisiones; la información voluntaria (regulada y no regulada) y la obligatoria.

En la información voluntaria encontraremos una parte regulada y otra no regulada, pero la realidad es que casi toda sirve como disfraz para llamar tu atención sobre determinados aspectos de los alimentos y despistarte de la información importante.


En información (voluntaria) regulada; las más exitosas son las declaraciones nutricionales y las de propiedades saludables.

Las primeras, las declaraciones nutricionales hacen alusión a la presencia, ausencia o variación en un nutriente. Parece muy técnico, pero son esas menciones que hablan de que el producto es “alto en calcio”, “fuente de proteínas” o “bajo en grasa”.

Las segundas, relacionan el alimento o un nutriente con un beneficio sobre la salud, por ejemplo “el calcio contribuye al mantenimiento normal de los huesos”. No es que sean mentira (es más complicado), de hecho están reguladas y tienen que ser previamente aprobadas, pero el truco está en que pueden hacerse simplemente por contener un nutriente en cantidad suficiente y no valoran el alimento en su conjunto. De ahí que las encontremos en bollería, platos precocinados o lácteos cargados hasta arriba de azúcar.

Demasiada imaginación en el etiquetado lleva al engaño y la desinformación.
Imaginación para etiquetar

En la información (voluntaria) no regulada; el límite es la imaginación del fabricante. Menciones como “casero”, “mediterráneo”, “sostenible”, “artesano”, “natural”... no tienen ningún soporte legal o lo que es lo mismo: no significan nada. Pero consiguen captar tu atención y diferenciarse del alimento de la competencia.

Otra versión es destacar dentro de la información no regulada la ausencia de algún compuesto, ya sea “sin aditivos”, “sin organismos genéticamente modificados” o “sin antibióticos”. Algo que no tiene ningún sentido porque no se puede enumerar todo lo que un alimento no contiene.


La información obligatoria

  1. La denominación del alimento. Si se trata de un complemento alimenticio, en la etiqueta deberá aparece esta denominación.

  2. La lista de ingredientes en orden decreciente.

  3. Todo ingrediente (alérgenos) tecnológico que figure en el anexo II (pg. 26) o derive de una sustancia o producto que figure en dicho anexo que cause alergias o intolerancias y se utilice en la fabricación o la elaboración de un alimento y siga estando presente en el producto acabado, aunque sea en una forma modificada.

  4. La cantidad de determinados ingredientes o de determinadas categorías de ingredientes.

  5. La cantidad neta del alimento.

  6. La ración de consumo.

  7. La fecha de duración mínima o la fecha de caducidad.

  8. Las condiciones especiales de conservación y/o las condiciones de utilización.

  9. El nombre o la razón social y la dirección del operador de la empresa alimentaria.

  10. El país de origen o lugar de procedencia cuando así esté previsto.

  11. El modo de empleo en caso de que, en ausencia de esta información, fuera difícil hacer un uso adecuado del alimento.

  12. Lote. La indicación del lote se efectuará de conformidad con lo dispuesto en el Real Decreto 1808/1991, de 13 de diciembre, por el que se regulan las menciones o marcas que permiten identificar el lote al que pertenece un producto alimenticio

  13. La información nutricional.

Ahora repasemos los errores más habituales que se cometen al leer una etiqueta:

  • Vincular una ración con el producto completo

Esto es sumamente frecuente y se explica por no prestar la suficiente atención. Una gran cantidad de productos presentan un desglose nutricional por cada ración (por ejemplo, por 85 gramos sobre un total de 320 gramos).

  • Las propiedades de los envases obedecen al marketing, no a la realidad.

Los productos envasados pueden contar con vistosos mensajes en su cara principal informando sobre las elevadas cantidades de tal o cual vitamina o de los beneficiosos efectos del alimento. No obstante, echa un vistazo a la parte trasera para comprobar en qué proporciones reales están presentes esos nutrientes.

  • Perder propiedades y estar caducado no es lo mismo.

Se trata de una de las luchas más antiguas entre las asociaciones de consumidores y la industria alimentaria. Determinadas etiquetas indican una fecha a partir de la cual el producto pierde algunas de sus propiedades (consumo preferente) pero no está caducado ni es perjudicial para la salud.

  • Las calorías no son inmutables.

La cantidad de calorías que presenta un alimento no tiene siempre la misma traducción práctica en nuestro organismo, puesto que cada tipo de producto facilita que la aportación calórica se absorba de distinta forma. La correcta interpretación de etiqueta de alimentos debe tener en cuenta que las calorías de las frutas y las de la bollería impactan de manera diferente. Así mismo existen otros factores que influyen en la forma que el cuerpo asimila este alimento: la ingesta previa de alimentos, la hora del día en el que se consume, los alimentos con los que se acompaña, la técnica culinaria, etc...


Lo que debe contener el etiquetado

DENOMINACIÓN (del alimento) COMERCIAL / LEGAL / DE VENTA

Es una parte del etiquetado muy importante que define el alimento y que nos permite diferenciar entre las diferentes categorías en las que se dividen ciertos productos, que aunque nos parezcan iguales, no los son. Por ejemplo el jamón cocido, que puede ser “jamón cocido extra”, “jamón cocido” o “fiambre de jamón cocido”. La diferencia radica en la proporción de jamón: entre un 80-90 % en el extra, en torno a un 70-80 % en el jamón cocido y en torno al 50 % en el fiambre. Para reducir los porcentajes de carne, se añaden ingredientes capaces de retener agua, como proteínas, en el jamón cocido, y féculas, en el fiambre.


Puede ser de uno de estos tres tipos:

  • Denominación definida legalmente. Para aquellos alimentos cuya denominación está recogida por la legislación. Por ejemplo, según la normativa, la “mayonesa” es la salsa formada por una emulsión constituida principalmente por aceites vegetales, huevo, vinagre y zumo de limón, de modo que, si no cumple estos requisitos, no puede venderse bajo ese nombre (es el caso de otras salsas, como Ligeresa).

  • Nombre consagrado por el uso. Si el alimento no está definido legalmente, puede utilizarse el nombre socialmente conocido y tradicionalmente aceptado; por ejemplo, “fabada” o “natillas”.

  • Descripción del producto. Si el alimento no está definido por la legislación, también se puede usar como denominación de venta una explicación detallada, por ejemplo, “empanada de hojaldre rellena de atún con salsa de tomate y huevo cocido”.

LISTA DE INGREDIENTES

Posiblemente el apartado más importante, dónde se detalla o debiera detallarse qué ingredientes tiene el alimento que vas a comer. Está muy extendida la idea de que los productos con más de cinco ingredientes son indeseables, pero es una generalización que nos puede despistar.


Se considera un ingrediente a:

“Cualquier sustancia o producto, incluidos los aromas, los aditivos alimentarios y las enzimas alimentarias y cualquier componente de un ingrediente compuesto que se utilice en la fabricación o la elaboración de un alimento y siga estando presente en el producto acabado, aunque sea en una forma modificada; los residuos no se considerarán ingredientes.”


Algunos detalles a tener en cuenta que nos ayudarán a conocer mejor el alimentos son:

  • El orden. No siempre se refleja el porcentaje de cada uno de los ingredientes utilizados, pero deben enumerarse en orden, según su peso en el producto. Es decir, los que aparecen en primer lugar son los mayoritarios, mientras que los últimos son los que se encuentran en menor cantidad. Esto significa que, si en un producto los primeros ingredientes son poco saludables, como azúcar, sal, harinas refinadas o aceites de mala calidad, lo más probable es que el producto sea poco interesante desde el punto de vista nutricional.

  • Ingredientes destacados. Si alguno de los compuestos se destaca de algún modo en el envase (por ejemplo, con imágenes o palabras), debe especificarse su cantidad en la lista de ingredientes. Esto es especialmente relevante en los productos que utilizan un ingrediente como reclamo, porque a veces se halla en una cantidad insignificante. Por ejemplo, una crema de bogavante que en realidad contiene tan solo un 0,5 % de bogavante.

ETIQUETADO DE ALÉRGENOS

Si tienes alergias; lee la etiqueta.

Existen grupos de personas que sufren (o pueden sufrir) alergias o intolerancias a ciertos alimentos, o mejor dicho, a componentes de dichos alimentos, pero no existe obligación de declarar posibles contaminaciones cruzadas en la preparación del alimento.

Sin embargo, atendiendo al principio explícito de que la empresa distribuidora es la responsable de etiquetar de forma preventiva cualquier indicación que pueda ser considerada como factor de riesgo en el consumidor (EPA); lo lógico es hacerlo.

En la etiqueta aparecerán los ingredientes que pueden causar alergias o intolerancias con una tipografía distinta al resto de ingredientes (destacados en negrita, encuadrados, con un tamaño de letra más grande, etc.).


Se considera que existen 14 grupos de sustancias que causan alergias o intolerancias:

  1. Cereales que contengan gluten.

  2. Crustáceos y productos a base de crustáceos.

  3. Huevos y productos a base de huevo.

  4. Pescado y productos a base de pescado.

  5. Cacahuetes y productos a base de cacahuetes.

  6. Soja y productos a base de soja.

  7. Leche y sus derivados.

  8. Frutos de cáscara.

  9. Apio y productos derivados.

  10. Mostaza y productos derivados.

  11. Granos de sésamo y productos a base de granos de sésamo.

  12. Dióxido de azufre y sulfitos en concentraciones superiores a 10 mg/kg o 10 mg/litro en términos de SO2 total, para los productos listos para el consumo o reconstituidos conforme a las instrucciones del fabricante.

  13. Altramuces y productos a base de altramuces.

  14. Moluscos y productos a base de moluscos

CANTIDAD NETA

En los productos envasados, este es un dato en el que apenas nos fijamos porque solemos valorar la cantidad de producto en base al volumen que ocupa, es decir, al tamaño. Pero en algunas ocasiones el volumen no se corresponde con el peso y eso puede despistarnos (por ejemplo, en algunos helados), así que conviene observar la cantidad indicada en el envase.


RACIÓN DE CONSUMO

Con frecuencia vamos a encontrar en este apartado un dato denominado % VD, que es el porcentaje que cubre una determinada ración del alimento para una persona.

Primero, veamos como el Valor Diario (VD) y el Porcentaje de Valor Diario (% VD) trabajan juntos. Los VD son las cantidades recomendadas de nutrientes que se deben consumir o no exceder cada día. El % VD es cuánto contribuye a su dieta diaria un nutriente en una sola porción de un alimento envasado individual o un suplemento dietético.

Es decir, a diario se aconseja a un adulto que requiere aproximadamente 2000 Kcal, consumir determinada cantidad de sodio, calcio, grasas, azúcares y demás. En base a este valor se indica cuánto aporta (en porcentaje) una ración del alimento que estamos visualizando. Así, un alimento que tiene más del 20 %VD de Kcal es alto, pues sólo el consumo del mismo cubre un 20 % de las calorías que necesitamos a diario.


DURACIÓN Y CADUCIDAD

Las etiquetas deben tener una fecha de consumo preferente o una fecha de caducidad. La fecha de consumo preferente hace referencia al día hasta el que se puede tomar el alimento conservando sus propiedades y la calidad prevista, y suele indicarse como "consumir preferentemente antes del día/mes/año".

La fecha de caducidad ha de constar en los alimentos de carácter muy perecedero y señala el momento hasta el que se puede tomar el producto en buen estado y de forma segura. Se indica como "fecha de caducidad día/mes/año", y es la fecha límite de utilización.

Todas las fechas siempre han de estar especificadas con números para evitar confusiones.


CONDICIONES ESPECIALES

Hay ciertos alimentos que requieren de información adicional obligatoria:

  • Alimentos envasados en determinados gases.

  • Alimentos que contengan edulcorantes.

  • Alimentos que contengan ácido glicirrícico o su sal de amonio.

  • Bebidas con un contenido elevado de cafeína o alimentos con cafeína añadida.

  • Alimentos con fitosteroles, ésteres de fitosterol, fitostanoles o ésteres de fitostanol añadidos.

  • Carne congelada, preparados cárnicos congelados y productos de la pesca no transformados congelados.

NOMBRE O RAZÓN SOCIAL (Identificación de la empresa)

El nombre, la razón social o la denominación del fabricante o el envasador o de un vendedor establecido dentro de la Unión Europea y, en todo caso, su domicilio.


LUGAR DE ORIGEN

Algunos alimentos, como el pescado, la miel, las frutas, las hortalizas, las legumbres o los huevos deben mostrar el origen en su etiqueta. Conviene prestar especial atención en algunos productos, como las conservas de vegetales, porque a veces se destaca en el envase que ha sido “elaborado” en alguna región española, pero, si leemos el origen, se indica otro país. Es decir, se trata de vegetales cultivados en otro país, pero envasados en España.


MODO DE EMPLEO

Cuando su indicación sea necesaria para hacer un uso adecuado del producto.


LOTE

En materia de alimentación, legalmente un lote es el conjunto de unidades de venta de un producto alimenticio producido, fabricado o envasado en circunstancias prácticamente idénticas.


INFORMACIÓN NUTRICIONAL

  • Valor energético

Debe indicarse de forma obligatoria, expresado en Kilojulios (KJ) y Kilocalorías (Kcal).

Esto es lo que la mayoría de los consumidores priorizan, cometiendo un error porque no es tan relevante como parece. Debemos tener claro el origen de las calorías. Como siempre digo; no son iguales 1000 calorías de un lomo de salmón a la plancha con su guarnición que las 1000 calorías de una hamburguesa de cualquier cadena de comida rápida. Quizá a ti te de igual, pero tu cuerpo nota la diferencia.

De manera general y aproximada puedes dividir los productos de acuerdo a su valor energético de esta forma:

  • Bajo valor energético

    • Sólidos: menos de 40 Kcal/100 g

    • Líquidos: menos de 20 Kcal/100 g

    • Edulcorantes: menos de 4 Kcal/porción, con propiedades edulcorantes equivalentes a 6 g de sacarosa.

  • Valor energético reducido; si se ha disminuido la cantidad de calorías como mínimo un 30 % respecto al original.

  • Sin aporte energético:

    • Contiene menos de 4 Kcal/100 ml

    • Edulcorantes: contiene menos de 0,4 Kcal/porción


  • Grasas

La grasa es necesaria para nuestro organismo, pero no todas las grasas son iguales. En este apartado los fabricantes mezclan distintos conceptos dando por sentado que quien lea la etiqueta no va a saber distinguir entre las grasas saturadas que necesita tu organismo y las grasas transgénica, que son unos de los peores inventos que hemos hecho.

  • Grasa Total:

    • Bajo contenido en grasa si el producto contiene:

      • Sólidos: menos de 3 g/100 g

      • Líquidos: menos de 1,5 g/100 ml (en el caso de la leche semidesnatada 1,8 g/100 ml)

      • Sin grasa: si el producto contiene menos de 0,5g de grasa/100g o 100ml

  • Grasa Saturada:

    • Bajo contenido en grasa saturada, siempre y cuando la suma de ácidos grasos saturados ácidos grasos trans sea inferior al 10 % del valor energético total, si en el producto la suma de ácidos grasos saturados y trans:

      • Sólidos: es menor a 1,5 g/100 g

      • Líquidos: es menor a 0,75 g/100 ml

      • Sin grasas saturadas: si la suma de saturados y trans es inferior a 0,1 g/100 g o 100 ml.

Si en los ingredientes se indica “aceite vegetal hidrogenado” o “grasa parcialmente hidrogenada” o “estabilizantes vegetales” el producto contiene grasas trans. Actualmente si el producto contiene aceites de origen vegetal ha de indicarlo en la etiqueta como “aceites/grasas vegetales” y entre paréntesis mencionar de qué aceites se trata. Pues no es lo mismo que un producto contenga aceite de oliva, rico en grasas insaturadas, a que contenga aceite de palma o de coco, en cuyo caso lo mejor es evitar el producto. Típicamente puedes encontrar estos aceites aterogénicos (elevan el colesterol malo) en bollería industrial, snacks tipo patatas chips o palomitas, en alimentos precocinados como bases de pizza o algunos panes tostados tipo biscotes.

  • Carbohidratos

Es importante el dato, pero es mas importante saber de que carbohidrato hablamos. No es igual el "azúcar añadido" que el carbohidrato de una patata; yo no he visto una patata con una etiqueta. (Ojo, que según como prepares la patata varían estos carbohidratos aumentando la carga glucémica y el índice glucémico).

  • Azúcares

¿De qué hablamos cuando hablamos de azúcares? El azúcar es un carbohidrato... desarrollar...

Los azúcares son los carbohidratos simples (monosacáridos y disacáridos) y aparecen de manera obligatoria expresados en gramos. Están supeditados a la declaración de los carbohidratos, indicados como; "de los cuales azúcares".

  • Alto contenido de azúcares; 10 gramos o más por cada 100 g.

  • Moderado contenido de azúcares; entre 2 y 10 gramos por cada 100 g .

  • Bajo contenido de azúcares si el producto contiene:

    • Sólidos: menos de 5 g/100 g.

    • Líquidos: menos de 2,5 g/100 ml.

  • Sin azúcares; si contiene menos de 0,5 g de azúcar por 100 g o 100 ml.

  • Sin azúcares añadidos: cuando no se ha añadido ningún azúcar (monosacárido ni disacárido) ni ningún alimento usado por sus propiedades edulcorantes. Si los azúcares están de forma natural presentes en el alimento se indica “contiene azúcares naturalmente presentes”.

  • Fibra

La fibra nos ayuda a regular el tránsito intestinal, aumenta la sensación de saciedad y modula la velocidad de absorción de nutrientes. También se incluye dentro del apartado de carbohidratos. En realidad es otro caballo de Troya que la industria intenta colarte. Hay alimentos a los que se les añade "fibra" de manera artificial para venderte el producto como alto contenido en fibra, pero sin especificar el origen de esa fibra. Igual que con el colesterol, estos productos mueven millones intentando convencerte de que si lo tomas irás como un reloj al baño y estarás como una rosa.

Hay productos que usan como reclamo la palabra "integral", pero si lees la lista de ingredientes comprobarás que está hecho a partir de harina blanca a la que le añaden un poco de salvado y... ahí lo tienes; un producto "integral".

  • Fuente de fibra; si contiene como mínimo 3 g/100 g.

  • Alto contenido en fibra; si contiene como mínimo 6 g/100 g..


  • Sodio (sal)

Se ha demonizado el consumo de sal, culpándola de casi todos los males de la humanidad menos de haber matado a Manolete. Los excesos son malos en todo, pero en realidad el problema es mas complejo que el hecho de tomar sal. El problema de fondo son ciertos desarreglos en el organismo que hacen que no se gestione bien la sal que ingieres. Pero este es otro tema que no trataré aquí.

Se recomienda o consumir más de una cucharadita de café en forma de sal cada día, unos 5 gramos. Si sufres hipertensión arterial deberás reducir aún más su consumo.

Centrándonos en el etiquetado; este es uno de los apartados más mirados por los consumidores y a la vez uno de los menos importantes. Pero no te confundas. Echar sal en las comidas, cuando las haces tú, no es malo (si echas una burrada si, como todo). El problema viene cuando al alimento procesado se le añade mucha sal para aumentar su palatividad.

El nuevo etiquetado debe usar la palabra “sal” y no “sodio” por ser más clara. De todos modos es sencillo hacer el cálculo.

Para calcular la cantidad de sal a partir del sodio usa esta simple fórmula: Gramos de sal = gramos de sodio x 2,5.


  • Bajo contenido de sal; si el producto contiene menos de 0,3 g sal/100 g o 100 ml.

  • Muy bajo contenido en sal; si contiene menos de 0,01 g de sal /100 g o 100 ml.

  • Sin sal; si contiene menos de 0,0125 g de sal/100 g.

  • Sin sal añadida; si no se han añadido sal, sodio ni otros ingredientes con sodio o sal añadidos al producto, siempre y cuando el producto no supere los 0,3 g de sal/100 g o 100 ml.


  • Colesterol

Tema controvertido donde los haya... perdón... de controvertido no tiene nada, pero es un tema que mueve millones en base a que tú creas que el colesterol es "malo". Luego te lo explico...


  • Proteínas

Si hay declaración de las proteínas en el etiquetado podemos encontrar esta división:

  • Fuente de proteínas; si el producto contiene un mínimo del 12 % del valor energético total en forma de proteínas.

  • Alto contenido en proteínas; si el producto contiene como mínimo el 20 %.

Están exentos de indicar la información nutricional:

  • los productos sin transformar o curados que incluyen un solo ingrediente.

  • los alimentos no envasados.

  • el agua (embotellada se entiende).

  • la sal.

  • los edulcorantes.

  • las plantas aromáticas y las especies.

  • el café normal o descafeinado y los extractos de achicoria.

  • el té y las infusiones siempre que no contengan ingredientes que modifiquen la composición nutricional.

  • el vinagre.

  • los aditivos alimentarios y aromas.

  • las enzimas alimentarias y la levadura.

  • la gelatina y los espesantes de mermeladas.

  • la goma de mascar.

  • los alimentos que vayan en envases pequeños (superficie menor a 25cm2).

  • las bebidas alcohólicas con graduación inferior al 1,2% vol.


Como te engaña la industria

Cambiemos las palabras

Los consumidores cada día están más informados, lo que obliga a la industria alimenticia a realizar un esfuerzo extra por ocultar los nombres de aquellas sustancias que nos hacen mal, pero que aumentan sus ventas un gran porcentaje. No los ocultan no poniéndoles si no cambiando su nombre para que no puedas identificarlas. Por ejemplo el "azúcar" lo disimulan bajo denominaciones como glucosa, lactosa, dextrosa, fructosa... Prácticamente cualquier sustancia que acabe en -osa es un azúcar.

Para liarlo más, te puedes encontrar en la etiqueta palabras como; maltodextrina, melaza, jarabe de maíz, jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar pulverizada, maíz dulce, azúcar invertida, jarabe de arce, almíbar, jugo de caña… cualquiera de estos nombres es equivalente a azúcar.

Separar los ingredientes

Separar ingredientes para despistarte

Como el fabricante debe listar los ingredientes según su presencia, por orden de mayor a menor, otra técnica consiste en dividir los ingredientes para disimular su impacto. Por ejemplo el azúcar en un producto; si tiene 15 gramos estos se pueden dividir en 5 gr de sacarosa, 5 gr de glucosa y 5 gr de fructosa, y así parece menos azúcar pero siguen siendo 15 gr.


Juguemos con las porciones

El fabricante del producto tiene libertad para hacer el paquete del tamaño que desee y decir el tamaño de la porción. La normativa permite al fabricante declarar solo las calorías por porción. También se puede incluir cantidades por cada 100 gr. Pero esto acostumbran a hacerlo solo cuando el tamaño de la porción es mayor, así los números parecen más pequeños.

Para saber la cantidad que realmente estás tomando, por ejemplo de azúcar, deberías multiplicar los números de la porción por 2.5, o por 5 en el caso de mirar la columna de 100 ml. A poca gente le gusta hacer matemáticas antes de comer, y las compañías lo saben.


Poder manipular libremente las porciones permite al fabricante anunciar "sin grasas trans" los alimentos que tienen menos de 0,5 g por porción (ya que se redondea a 0). Por tanto, un producto que tenga 0,9 g de grasas trans, puede indicar en la etiqueta cero grasas trans haciendo que la porción sea la mitad del envase (0,45 g por porción, que se redondea a cero en la etiqueta). Hecha la ley, hecha la trampa.

Si quieres saber si un producto lleva grasas trans, debes mirar la lista de ingredientes y buscar aceites vegetales hidrogenados o parcialmente hidrogenados. Si lo encuentras, entonces el producto tiene grasas trans.

Como ves, hay muchas maneras de engañarte.


Sin azúcar / Bajo en azúcar / bajo en carbohidratos

El dulce es adictivo, de manera que cuanto más dulce más producto comerás y más aumentaran las ventas del fabricante. Así que, por cada gramo de azúcar que se quita implica un aumento de la cantidad de endulzantes artificiales.

Por ejemplo, hay chocolates (unos más que otros) que se anuncian como "sin azúcar" donde el maltitol es el principal ingrediente. El maltitol es un polialcohol, un endulzante de los menos problemáticos, pero aún así sigue siendo un engaño.


Espero esta información te sea de ayuda.

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