Dolor de cuello (cervicalgia) y tratamiento osteopático

¿Qué es la cervicalgia?

La etimología del término "cervicalgia" nos indica que es la unión de dos palabras; "cérvix" (latín) que significa cuello y "algia" (griego) que indica dolor. Por lo tanto, la cervicalgia es un dolor, el síntoma de un proceso generalmente benigno, que se manifiesta en la zona posterior o lateral de la columna cervical, llegando normalmente hasta la primera vértebra dorsal, y que puede ir desde un simple malestar a un intenso dolor, que puede llegar a extenderse por la estructura de espalda, brazos, manos y cabeza, limitando el movimiento y pudiendo llegar a estrangular los vasos sanguíneos de la zona produciendo cefaleas, mareos y vértigos.

También se pueden generar problemas nerviosos cuando hay pinzamientos o lesiones en las articulaciones cervicales intervertebrales, viéndose comprometidos los nervios al salir de la médula espinal, llegando a producir patologías como la neuralgia de Arnold, neuralgia del Trigémino, parálisis facial...

Cuando los nervios afectados son los que inervan el brazo (plexo braquial), se producen déficits neurológicos (motores y sensitivos) en el brazo afectado, como hormigueos, falta de fuerza, sensación de acorchamiento. En estos casos se 

denomina cervicobraquialgia.

Dolor de cuello (cervicalgia)

Si el dolor de cuello es muy agudo y aparece de repente le llamamos tortícolis. Este dolor es producido por un espasmo de los músculos esternocleidomastoideo, trapecio, esplenios y en menor medida los escalenos, que se contraen involuntariamente fijando las vértebras cervicales. El espasmo suele ser producido por mantener una posición no fisiológica (natural) durante mucho tiempo; por ejemplo cuando dormimos adoptando una mala postura y al día siguiente nos levantamos sin poder mover el cuello.


Dependiendo del tiempo que nos dure el dolor podemos clasificar la cervicalgia en:

Aguda: cuando dura de unos días a tres semanas y el dolor remite por si solo.

Subaguda: el dolor se mantiene de cuatro a doce semanas.

Crónica: el dolor persiste por mas de doce semanas.

Recurrente: cuando los síntomas desaparecen durante unas semanas y reaparecen con mas intensidad.


Anatomía cervical

Su estructura se compone de gran cantidad de nervios (que dan funcionalidad a los miembros superiores), músculos y siete vértebras; las tres vértebras superiores permiten la mayoría del movimiento de cuello y cabeza. Las vértebras inferiores del cuello y las superiores de la espalda crean la estructura de apoyo para la cabeza.


Desde un punto de vista biomecánico, se considera que la región cervical es la zona con mayor movilidad del cuerpo, con mucha flexibilidad, y además, debe soportar el peso de la cabeza sobre un apoyo inestable ya que no la apoya en su centro, sino en su parte posterior, lo que se resuelve manteniendo la cabeza en equilibrio (inestable) con la fuerza y resistencia de los músculos adecuados, sobre todo los posteriores del cuello.

Musculatura del cuello

Por lo tanto, es fácil ver que es una zona muy propensa a sufrir alguna lesión en su estructura cuando los músculos adecuados no están fuertes y resistentes permitiendo que la cabeza no esté bien posicionada (muy adelantada y/o arqueada) generando tensiones y compresiones mecánicas en las vértebras que terminan derivando en dolor. Como vemos es una estructura muy delicada que debe estar perfectamente alineada, lo cual es casi imposible hoy en día por los malos hábitos posturales que tenemos.

En este vídeo se muestra la estructura ósea de la columna cervical.

https://www.youtube.com/watch?v=iaTlpTsLWuU


Causas

Por esto, la cervicalgia es un mal muy extendido hoy en día afectando sobre todo a las personas con ocupaciones y aficiones sedentarias que les obligan a estar pendientes de una pantalla. Menos del 1% de las personas afectadas presentan patologías (tumor, hernia, infección, mielopatía...) que requieran pruebas diagnósticas especificas.

Pero sus causas pueden ser muy diversas y aún hay que ir mas allá y buscar el origen de esas causas; suena complicado, ¿verdad? Lo es. Porque el dolor cervical puede ser referido, esto significa, que puede ser reflejo de un problema localizado en otro lugar. Por ejemplo; unas cefaleas pueden ser producidas por una cervicalgia, esta puede estar producida por bruxismo y este por estrés... y así se va tirando del hilo. Esta visión de conjunto es propia de disciplinas como la osteopatía.


Causas orgánicas / viscerales y emocionales

Que las emociones afectan a nuestro organismo es algo que todos hemos sentido en alguna ocasión. Emociones benévolas como "sentir mariposas en el estómago", hasta "un nudo en el estómago" cuando sentimos miedo o congoja. Pero hay mucho mas; y hoy día una de las emociones negativas mas extendida es el estrés. Desde el punto de vista de la osteopatía (y otras disciplinas como la medicina tradicional china y la naturopatía...), el estrés, la ansiedad, afectan directamente al hígado, vesícula biliar, al estómago... Estos órganos y vísceras al verse alterados desencadenan desequilibrios que tienen su reflejo en la zona dorsal y cervical.

La osteopatía buscará tratar, no solo la parte dolorida donde se manifiesta el dolor, sino el origen de este dolor. Por ello en osteopatía será pertinente determinar que órgano tiene una disfunción, atendiendo a las emociones, a la alimentación, al abuso de medicamentos, abuso de sustancias recreativas como alcohol, drogas...


Causas mecánicas (oseo / muscular); las causas mecánicas son las mas comunes en la cervicalgia, ya que nuestra cervical está constantemente moviéndose en todos los sentidos (sobre todo en rotación), lo que la somete a un gran desgaste.

La patología puede estar originada por un proceso degenerativo, en el que con el tiempo las vértebras y los discos intervertebrales se van deshidratando, lo que genera aplastamiento vertebral, llevando a patologías inflamatorias como la artritis reumatoide o la espondilitis anquilosante.

En otros casos se produce estrechamiento del canal vertebral (estenosis).

Las malas posturas que adoptamos producen lesiones por compresión de las estructuras nerviosas, pudiendo en algunos casos llegar a comprimir una arteria o vena del cuello (síndrome de los escalenos).

Un traumatismo como el latigazo cervical, un mal alineamiento de los dientes (maloclusión), mala visión, contracturas musculares, son factores entre otros, que pueden contraer los músculos del cuello generando un bloqueo de las vértebras cervicales. Estos bloqueos, pueden provocarnos un dolor agudo por la presión que se ejerce sobre el disco intervertebral llegando incluso a provocar hernia discal, y si no se presenta dolor agudo pero mantenemos la presión sobre los discos vertebrales con el tiempo pueden llegar a provocar artrosis cervical.


Diagnóstico

Teniendo un enfoque integral y holístico, tratando el cuerpo y el organismo como un todo atendiendo a la su biomecánica y fisiología destaca la osteopatía.

Se realiza previamente una valoración clínica para establecer el tratamiento adecuado, y para ello es importante hablar con la persona afectada, entrevistarla e intentar vislumbrar aquellas conductas o hábitos que pueden producir la patología.

Posteriormente realizar un examen físico valorando la movilidad de la cabeza, cuello, hombros, brazos y articulaciones, incluyendo una inspección palpatoria de los músculos cervicales y dorsales. Determinando también la fuerza muscular, sensibilidad de la zona y la irrigación vascular (Test de Klein).


Pero debemos tener en cuenta que el osteópata no trata lesiones, sino que normaliza las disfunciones somáticas (del cuerpo), por ello es necesario antes de comenzar el tratamiento de la cervicalgia con osteopatía la valoración previa que nos permita localizar las tensiones musculares y los bloqueos articulares, así como las situaciones donde el tratamiento sea contraindicado y, mas importante aún, sea necesario derivar por patologías subyacentes.

Para esta valoración el osteópata tiene a su disposición diversos test que le permiten tomar la decisión correcta. Algunos de estos test son: Test de Jackson (compresión / distracción), para evidenciar hernias discales; Test de Spurling (extensión / rotación); Test de tensión neural (deslizamiento y tensión del plexo braquial); Test de insuficiencia vértebro-basilar; Test de Rancurel ; Test de Klein (arteria vertebral); Test de los ligamentos alares y transversos (para localizar laxitud o inestabilidad) entre otros.


Es conveniente y suele ser suficiente realizar una radiografía para valorar las vértebras cervicales para detectar alguna anormalidad y si se sospecha que puede haber una patología subyacente, se derivará al profesional correspondiente para realizar pruebas de tomografía, electromiograma o resonancia magnética, ya que pueden existir patologías que afecten al sistema nervioso de la columna, y con las cuales ciertos tratamientos pueden ser contraproducentes.


Tratamiento osteopático

Realizada la valoración física y un diagnóstico, es el momento de establecer un tratamiento personalizado, el cual puede incluir varias técnicas osteopáticas enfocadas principalmente a aumentar y restaurar la función musculo-esquelética de las zonas afectadas.

La osteopatía posee varios métodos a su disposición:


Masaje terapéutico; para eliminar contracturas musculares tratando el tejido blando.


Manipulaciones vertebrales; técnicas basadas en movimientos específicos de la columna, cuya finalidad es la de normalizar el tono muscular inhibiendo la hipertonía y la hiperactividad de la musculatura implicada, normalizando la circulación local y ayudando a liberar adherencias de las carillas articulares de las vértebras restableciendo su movilidad.

Entre los efectos neurofisiológicos que estas técnicas producen está el alivio del dolor del cuello y cabeza al reducir la tensión a la que el sistema nervioso de la zona afectada se ve sometido.

Destacan dos procedimientos; las técnicas sin impulso, consistentes en movimientos lentos y de gran amplitud llevando los elementos en la dirección a la restricción desde diferentes ángulos, mejorando la cantidad y calidad del movimiento. Y el otro procedimiento son las técnicas con impulso, basadas en manipulaciones de alta velocidad y corta amplitud.

Con estas técnicas se consigue una disminución del dolor en los nervios periféricos, mejorando el sistema nervioso autónomo y la conductividad de la piel, haciendo que descienda la temperatura de la misma. Disminuye la rigidez articular y mejora la movilidad de la zona tratada.


Dentro del ámbito de la osteopatía las técnicas con impulso no están exentas de controversia acerca de si existe peligro para las arterias vertebral y carótida. Aunque los movimientos y fuerzas empleados no debieran suponer riesgo, hay osteópatas que discrepan, arguyendo que la presencia de osteofitos uncovertebrales o compromisos de la luz de las arterias pueden generar problemas.

Tratamiento miofascial; La fascia es un tejido conectivo con gran contenido de colágeno que nos envuelve como una red, conectando y compartimentando los músculos, huesos, vísceras, nervios y sistema vascular, protegiendo y manteniendo la estructura del cuerpo unido, dándole la forma. Además forma parte de un sistema de transmisión de fuerzas de tensión y compresión que afecta a todo el cuerpo denominado "tensigridad".

Cuando determinadas fuerzas actúan sobre las fascias, las fibras que forman el colágeno pueden sufrir acortamiento y endurecimiento, produciendo restricciones de movilidad y alteraciones de funcionalidad en las zonas afectadas, llegando a producir dolor.

La técnica de liberación miofascial es una técnica muy común utilizada en el tratamiento manual, que empleando maniobras sutiles y a la vez de gran energía, aprovecha las propiedades coloidales del colágeno para liberar las restricciones y permitir que la fascia recupere su estructura original restableciendo su función y reduciendo en gran medida el dolor.


Manipulación de la articulación temporomandibular; la articulación temporomandibular es una de las más utilizadas del cuerpo ya que actúa al masticar, tragar y hablar.

Localización de la articulación temporomandibular

Esta articulación está formada por gran cantidad de músculos muy potentes, cuya inserción hace que exista una relación directa con la columna cervical, las clavículas, el esternón y las escápulas. Por lo tanto, cualquier disfunción que afecte a la musculatura de la articulación temporomandibular puede tener relación directa con la cervicalgia y dolores asociados.




Osteopatía craneal; con esta técnica el osteópata, usando el sentido del tacto en técnicas suaves e indoloras, percibe cambios en los tejidos, en los fluidos y en las uniones de los huesos del cráneo (suturas), e intentará devolverles su equilibrio liberando tensiones y restaurando la circulación vascular y nerviosa.

Es muy importante la relación del cerebro con los huesos del cráneo y las meninges (que son unas envolturas que recubren el cerebro y la médula espinal) terminando en el sacro.


Normalización de la función visceral y emocional; las emociones están ligadas a los órganos; si nos ponemos nerviosos nos falta aire y nuestros pulmones se ven afectados, si tenemos miedo nuestro estómago se resiente, etc. El órgano, a verse afectado, afectará negativamente al sistema musculo-esquelético y su biomecánica, ya que están enervados a la columna vertebral.

Y cuando estos órganos y vísceras no realizan bien su función se producen problemas. Por ejemplo en el caso que nos ocupa de la cervicalgia, el problema puede venir de los ligamentos que conectan la parte superior de los pulmones con las cervicales bajas, afectando a los nervios y arterias. O disfunciones del diafragma y del estómago, que traccionaran de la cadena visceral anterior que tienen origen en el cráneo provocando bloqueos en las primeras cervicales. Así podríamos seguir con todos los demás órganos y vísceras.


Tratamiento convencional conservador / farmacológico

La visión médica convencional se enfoca lo primero a eliminar (enmascarar) el dolor a través de la toma de fármacos; analgésicos (paracetamol), antiinflamatorios no esteroideos (aspirina o ibuprofeno) y relajantes musculares, buscando reducir la tensión muscular en la zona cervical.

Los analgésicos coadyuvantes, llamados así porque carecen de acción analgésica directa, pueden ayudar: los antidepresivos tricíclicos y los anticonvulsivos limitan la transmisión de los mensajes de dolor a lo largo de los nervios y parece que estimulan la producción de las endorfinas (los analgésicos naturales de nuestro organismo).

También se indica reposo, y a veces inmovilización a corto plazo o intermitentemente (la inmovilización prolongada no es aconsejable). Y cuando el dolor lo permite, se establece un proceso rehabilitación de la zona afectada.

Si el dolor persiste, se emplea un método mas invasivo consistente en inyecciones de procaína, produciendo la eliminación del dolor de manera inmediata, pero si no se corrige la causa, la desaparición del dolor es transitorio.

La cirugía es la opción última y solo si se detecta alguna lesión en la estructura ósea, bien por desgaste o por traumatismo, como una hernia discal, que esté poniendo en riesgo los nervios cervicales. Estas operaciones presentan grandes riesgos para las personas intervenidas.


Otras terapias convencionales que pueden emplearse de forma combinada en la mayoría de los casos son:

Tracción; terapia que puede producir alivio importante de la cervicalgia, mediante un dispositivo de pesos y poleas que permite aliviar la presión sobre los nervios en la zona cervical.

­Estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS); técnica que emplea electrodos colocados sobre la piel cerca del área dolorosa para administrar impulsos eléctricos que alivian el dolor.

Espero que la información os sea de interés.

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